
La violencia política en especial en el espacio digital escaló de forma sostenida desde la campaña y se acentuó durante la presidencia de Javier Milei: los monitoreos independientes registran un fuerte aumento del hostigamiento en redes, un crecimiento de agresiones contra periodistas y señales claras de que parte de esa violencia tiene origen o incentivo en actores gubernamentales y sus ecosistemas digitales.
A la vez existen continuidades con gobiernos previos (uso de trolls, judicialización y polarización), pero la combinación de (a) retórica presidencial agresiva, (b) desmontes institucionales (recortes y cierres de programas de protección) y (c) mayor intensidad cuantitativa en insultos/amenazas ofrece hoy un riesgo de normalización de la violencia política que es distinto en escala e impacto al observado en 2015–2023.
¿Qué entendemos por “violencia política” en redes?
Incluyo violencia política: insultos y deshumanización sistemática; amenazas y doxxing; campañas coordinadas (trolling/«milicias digitales»); acoso dirigido a periodistas, activistas y opositores; y traducciones offline (patotas, agresiones físicas). Las organizaciones internacionales y los informes locales distinguen violencia simbólica, psicológica y física ligada a la disputa política —todas ellas afectan la democracia y la libertad de expresión.
Evidencia y tendencias
- Aumento cuantitativo del hostigamiento en redes. Un monitoreo de la consultora Ad Hoc reportó que la violencia política en redes en Argentina creció aproximadamente un 90% entre enero-2023 y junio-2025; el informe documenta además que el propio presidente aparece como uno de los principales emisores de agravios.
- Ataques a periodistas en alza. FOPEA registró 179 casos de agresión a periodistas en 2024 (un 53% más que 2023) y señala que gran parte de las agresiones provinieron del poder político y ámbitos asociados al oficialismo. En distintos recuentos periodísticos el total desde la asunción suma cifras entre ~179 y 216 según criterios y plazos.
- Señales de estímulo institucional/retórico. Organizaciones internacionales (RSF, CPJ) y medios documentan una estrategia comunicacional que incluye descalificación abierta de la prensa y una red de amplificación digital que refuerza ataques y campañas de desprestigio.
- Desmantelamiento de políticas de protección que agravan la vulnerabilidad. El gobierno cerró la estructura del Ministerio/ Subsecretarías vinculadas a género y recortó partidas a programas como Acompañar y la Línea 144, lo que ONG y organismos internacionales advierten que deja a grupos vulnerables (mujeres, periodistas, disidencias) con menos herramientas frente al acoso y la violencia.
Comparación con gobiernos anteriores (puntos salientes)
- Alberto Fernández (2019–2023): la etapa tuvo episodios de polarización extrema y, en lo más grave, un intento de magnicidio contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner (1 sep 2022), que mostró cómo el clima de odio puede traducirse en violencia física. También se documentaron aumentos de hostigamiento digital en períodos puntuales.
- Mauricio Macri (2015–2019): hubo denuncias sobre uso de “cibertropas” y campañas digitales organizadas contra periodistas y críticos (informes de Amnistía y monitoreos de la época), aunque la intensidad y la combinación institucional difieren del presente por factores contextuales (ecosistema de plataformas, formato de la comunicación política y el propio estilo presidencial).
- Balance comparativo: la violencia política no es nueva en Argentina —ha sido recurrente—, pero hoy confluyen tres elementos que amplifican y agravan el fenómeno: el ecosistema técnico (videos cortos, X, TikTok), la retórica presidencial muy agresiva y la reducción de contrapesos institucionales (recortes y cierres de organismos). Esa conjunción hace que, en términos prácticos, la probabilística de agresiones y de efecto amedrentador (sobre prensa, opositores y colectivos) sea mayor que en periodos recientes.
Mecanismos operativos en redes (cómo se convierte la agresión en masiva)
- Amplificación algorítmica: contenidos cortos y sensacionalistas se viralizan más y las plataformas priorizan engagement, lo cual favorece mensajes agresivos.
- Actores coordinados: mezcla de cuentas orgánicas, cuentas automatizadas y operadores humanos (troll farms / «milicias digitales») que replican narrativas de desprestigio y generan trending topics.
- Deslegitimación institucional: cuando figuras de poder descalifican medios o grupos, ese mensaje legitima la agresión social y reduce el costo reputacional de atacarlos en la red. RSF y FOPEA han documentado ese vínculo.
Riesgos y consecuencias concretas
- Efecto chilling: periodistas y académicos se autocensuran; voces críticas retroceden por seguridad.
- Violencia offline: la normalización verbal facilita que grupos pasen a la acción (patotas, agresiones en movilizaciones). Hay informes de agresiones físicas y hostigamiento en espacios públicos.
- Retroceso en protecciones sociales: recortes en políticas de género y en líneas de contención reducen la respuesta estatal frente a violencia dirigida (lo que agrava el impacto real del acoso).
Recomendaciones operativas (enfoque desde redes sociales / monitoreo / protección)
A nivel práctico, si tu objetivo es monitorear, documentar y reducir la violencia política en redes, propongo estas líneas accionables:
- Sistema de indicadores (dashboard): volumen mensual de mensajes con palabras clave violentas; número de amenazas directas reportadas; cuentas más replicadas (top amplifiers); porcentaje de agresiones provenientes de cuentas verificadas/políticas vs. anónimas. (usa muestreo semanal y comparativas trimestrales).
- Lista de palabras/hashtags críticos y patrones lingüísticos: construir y actualizar un lexicón local (insultos, eufemismos, apelativos deshumanizantes) para filtrar y cuantificar agresividad. (metodología: mezcla de búsqueda booleana + NLP básico).
- Análisis de redes (network analysis): detectar «hubs» que amplifican contenidos agresivos (influencers, cuentas con alta centralidad) y medir si pertenecen a ecosistemas oficiales/afines.
- Detección de cuentas coordenadas: combinar heurísticas (alta velocidad de publicación, coincidencia de mensajes, creación masiva de cuentas) con herramientas de clasificación para identificar campañas.
- Protección y acompañamiento a víctimas (práctico): protocolos de seguridad digital para periodistas/activistas (captura de pantallas, reportes a plataformas, canales de apoyo legal y psicosocial). Inspírate en guías de UNFPA/ONU Mujeres sobre violencia digital.
- Alianzas y lobby con plataformas: documentar casos, construir evidencias (logs, urls, capturas) y elevar reclamaciones sistemáticas a plataformas y, cuando corresponda, a organismos de derechos humanos.
- Campañas de contranarrativa y alfabetización: promover mensajes que desincentiven la deshumanización y capacitar a audiencias sobre verificación y respuesta ante la desinformación. (apoyarte en recomendaciones de Reuters Institute sobre consumo digital).
Conclusión
Hay continuidad histórica en la presencia de violencia política en Argentina, pero la intensidad y la forma que está tomando durante el gobierno de Milei —combinando agresividad presidencial, redes de amplificación y debilitamiento de contramedidas estatales— coincide con un aumento medible de hostigamiento y agresiones, especialmente contra la prensa y grupos vulnerables. Los datos de FOPEA, Ad Hoc y las alertas de organismos internacionales muestran esa confluencia y plantean un cuadro de riesgo democrático que exige monitoreo sistemático y respuestas articuladas entre sociedad civil, medios y plataformas.


